Hay momentos en la crianza que nos marcan. Días en los que tu bebé llora sin consuelo, noches en las que el sueño se interrumpe una y otra vez, o esas horas en las que lo mirás y sentís que algo no está bien, aunque nadie pueda explicarlo del todo.
Para muchas familias, ese camino comienza con una sospecha: ¿podría ser Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV)?
La APLV no es solo una condición médica. Es una experiencia que atraviesa la vida emocional, física y cotidiana del bebé y de quienes lo acompañan. La ciencia lo confirma: los síntomas gastrointestinales persistentes pueden afectar la calidad de vida del niño y también la de su familia. Pero antes que la ciencia, lo saben los padres. Lo sienten en la piel.