Una alimentación equilibrada durante el embarazo ayuda no solo al bienestar de la madre, sino también al adecuado crecimiento y desarrollo del bebé. Incorporar frutas, verduras, proteínas de calidad, cereales integrales, grasas saludables y una buena hidratación forma parte de los pilares básicos.
Además, distintos estudios muestran que la alimentación materna influye en el desarrollo de la microbiota, es decir, el conjunto de microorganismos que habitan naturalmente nuestro organismo y que cumplen funciones importantes en la digestión, el sistema inmune y la protección frente a enfermedades.
Los primeros contactos del bebé con esta microbiota comienzan incluso antes del nacimiento y continúan durante los primeros meses de vida, especialmente a través de la lactancia.