Durante el primer trimestre se producen importantes cambios hormonales, principalmente el aumento de las hormonas progesterona y estrógeno. La primera puede producir sueño muy profundo, somnolencia durante el día y cansancio. Podemos culparla siempre que hayamos descartado causas orgánicas como el hipotiroidismo y la anemia. La segunda puede intervenir en cierta dificultad para respirar: se edematizan las mucosas y cuesta que ingrese el aire. Descartadas otras causas, puedes usar solución fisiológica hipertónica nasal que fluidifica secreciones.
En el segundo trimestre la energía suele mejorar un poco. Pero… es posible que comiencen dolores de espalda, cintura y piernas debido al cambio del eje postural por el aumento de volumen de la pancita. Puedes dormir de costado, colocarte almohadas adicionales entre las rodillas, bajo la panza o la espalda (¡empieza a aprovechar la almohada de amamantar!). También ejercicios de estiramiento y fuerza pueden mejorar tu postura.
¡Y en el tercer trimestre cuesta aún más encontrar una postura cómoda y aumentan las visitas al baño por la noche! Por lo que intenta mantenerte bien hidratada, pero evita el exceso de líquidos por la noche. Además, son comunes también acidez y digestión lenta: por lo que comer poca cantidad a la noche y más seguido durante el día, haciendo cenas livianas con alimentos que se digieran más fácil y rápido (evitando grasas, cítricos, picantes y gaseosas). Es bueno cenar temprano y esperar dos horas antes de acostarte, y elevar la cabecera de la cama para que no se produzca el clásico fuego que todas sentimos alguna vez.
¡¡Y también aparecen los calambres!! Para aliviarlos, estirar los músculos de las pantorrillas antes de dormir, usar calzado cómodo y evaluar la ingesta de magnesio. Recomendamos que consumas estos alimentos para poder aumentar su ingesta: granos o cereales integrales, porotos, frutas deshidratadas, frutos secos y semillas). La evidencia científica sobre la utilidad de los suplementos es limitada.